Quiero comenzar mis palabras
parafraseando a uno de los grandes íconos en nuestra Historia Nacional, Juan
Montalvo “Desafortunada la institución educativa, donde los estudiantes no
hacen temblar al mundo".
Hace poco vi un video donde varios
jóvenes estaban sentados en una cinta caminadora extensa y una máquina se
encargaba de un martillazo romper el foco que estaba en las cabezas de estos
estudiantes y cubrirla con el birrete de graduado.
No tacho ni señalo a nadie,
simplemente quiero llevar a la reflexión de todos ustedes con estos pequeños
relatos y preguntas que les haré.
Sabían que DOCENTE significa hacer que alguien aprenda a la fuerza.
Sabían que MAESTRO significa “soy el jefe”
Sabían que PROFESOR significa el que habla delante de la gente y no sabe escuchar.
Bueno estas palabras que hoy
usamos, si bien es cierto no tienen el significado original para nosotros, pero
vamos más allá de una simple terminología.
Todos hemos escuchado “la letra con
sangre entra” y quién no recuerda a ese maestro que tenía un llavero, una
regla, un marcador o simplemente la palma de la mano para espantar al distraído
o a su vez darle un buen golpe, hoy esto es considerado violencia, pero si así
fuimos criados, con nuestras abuelas a punte mama cucharaso o me van a negar?
En ese entonces las personas adultas tenían la razón y eran respetadas, eran
ejemplo a seguir.
A que voy con todo esto, el personaje al que me referí a un inicio, Juan Montalvo, no hacía rebeliones ni tumultos ni usaba la violencia para mostrar que podía enseñar, que podía hacer un cambio, SER EL CAMBIO, con su pluma, repito, con su ejemplo.
Juan Montalvo, originario de la Cuna
del Sol, en una época de dictaduras e imposiciones religiosas, vestía
andrajoso, pintaba su elegante bigote con carbón, sin una familia estable, con
ingresos irregulares, y con amores pasajeros CAMBIÓ LA MENTALIDAD CONFORMISTA DE
TODO UN PAIS A PUNTE LETRA.
Su pasión por escribir lo llevó a
tener grandes problemas con las autoridades, tanto así que fue expatriado,
vituperado y tuvo que cargar una cruz toda su vida, la del reumatismo,
consecuencia de su fuerte crítica a la autoridad.
Ahora hablamos de la “Libre
Expresión”, que gracias a ello, muchas personas abusamos para decir opiniones
vagas, que no aportan en nada sino más bien fomentan el fuego del odio, aun distensiones
sociales y divisiones familiares. ¿Dónde quedó querida audiencia leer el periódico
todos los días, indagar en fuentes oficiales la realidad nacional y preguntar a
los adultos si saben algo más, antes de regar el “chisme” en redes sociales.
Hoy por hoy la tecnología ha
atrofiado nuestro cerebro, tanto así que todo lo que hay en internet es válido,
aun para los trabajos escolares.
Juan Montalvo, usaba su inspiración
amorosa para escribir textos que incitaban a la rebeldía, buscaba entre sus
recuerdos el rostro de sus hijos para tomar fuerzas y seguir.
Cuantos maestros deben sentirse
identificadas o identificados con la realidad que vivía nuestro noble Juan, sintiendo
una impotencia de no poder cambiar su entorno, viviendo una lucha interna y en
el trabajo una lucha constante en su caso con sus estudiantes, no para que le
admiren, pero si para que lo respeten o al menos cumplan las tareas; todo esto
se acumula y les impide llevar una vida hogareña estable y feliz.
Hay un dicho popular que dice “al
vago doble trabajo”, y cuando se les envía a repetir el trabajo, niéguenme si
no han tenido más de un encontrón con algún padre de familia, ustedes queridos
docentes antiguos y nuevos como diríamos hoy, chéveres y otros no tanto, son esos
Juan Montalvo, recuerden su primer día de trabajo, llegaron con todas las ganas
a enseñar, impartir lo que aprendieron algún día, tenían ese deseo de
superación constante, algunos hasta cumplieron el sueño de ser maestro, pero
poco a poco fue desvaneciéndose no solo ese empuje sino hasta en extremo la familia,
todo por el trabajo. Todos y todas al ser maestros, al ser autoridad, a ese
joven, niño, niña, lo consideran como su hija o hijo, pero a veces les gana la
indignación y se ofuscan, decaen y se conforman con repetir con lo que está en
el Libro escolar, dejando ese sueño del primer día y a la deriva al estudiante.
Los escritos de Juan Montalvo
estuvieron dirigidos a las altas esferas políticas y religiosas: El Cosmopolita
hacia Gabriel García Moreno, La Catilinarias a Ignacio de Veintimilla, y los 7
Tratados a Monseñor Ordoñez, Arzobispo de Quito. Imagínense, un joven
apasionado por la lectura, escritura, poesía y que amaba a su pueblo, es decir
un Maestro, llegó a mover el país solo con su pluma, de ahí la frase “Mi pluma
lo mató. ¡Hasta dónde puede llegar el poder de la pluma y de su mejor producto:
la palabra!”
Cuantas personalidades más se puede
traer a colación que demuestran que LA PALABRA mueve sentimientos, almas,
mentes, pueblos, países.
Recuerden estas frases:
Dadme un balcón y seré presidente
Hombres cobardes nacidos para la
servidumbre de que tenéis miedo
Un maestro es la
aguja que enhebra el hilo del conocimiento y cada día teje con su palabra el
destino del país. Ustedes pueden destruir un sueño,
pueden quitarle al mundo una futura astronauta, un futuro agrónomo, una futura
científica, un futuro presidente por una palabra que por ira se desboque,
seamos como Juan Montalvo, aunque con una realidad pobre, siempre cuidó su imagen
impecable, y esta era SU PALABRA.
No dejemos que el país se nos vaya
de las manos, si en sus manos está el presente del país.

