Quienes no hemos dicho esta frase
tan típica “Vamos 2” después de un día pesado de clases, de trabajo o simple y
llanamente porque hay una celebración, o porque no hay nada que hacer. El
hábito de beber se ha vuelto tan común en la rutina diaria y no se diga en los
Latacungueños con esos “soles bieleros” que de repente hacen. Cada vez que te
topas con algún pana o alguna man, y te preguntan de dónde eres y respondes de
Latacunga, escuchas un ¡UUUUY Allá toman duro, “tragaso” has de ser, buen
hígado has de tener!
Vaya que nos hemos ganado esta
fama, pero quiero contarte que no es solo por Mama Negra o porque salimos de
clases directito a donde la “veci” a que fíe unas chelas, dejando la cédula de
prenda, sino porque la cultura del vino, chicha, bebidas fermentadas en sí ha
estado desde tiempos ancestrales en nuestra sangre Mashka, tan impregnada que
ahora es innegable decir en las fiestas ¡Yo si chupo!.
Si nos remontamos a épocas
prehispánicas y preincaicas, las bebidas fermentadas fueron productos del
hábito de beber no para embriagarse sino para llegar a lo espiritual, ejemplo
de esto podemos destacar la leyenda de Taconque, un cacique que comandaba la
población de Tacvnga separada de la población Shyri, entre ellos los ancianos
toman VINO DE MOLLE, el mismo que
les provocaba alucinaciones y los trajo al centro de tres lagunas, “San Felipe,
San Martín y Nintinacazo” este sitio hoy llamado “El Calvario”, fue su primera
morada.
Saltándonos en el tiempo a la
época Inca, recordemos tres principales cosas: Tacvnga fue llamado “Tambo
Real”, Sigchos fue la “Última morada de Atahualpa” y existió el Aguadinca[1];
por lo tanto se denota que tuvimos influencia Incaica. Lógicamente se trajo
costumbres y tradiciones, que entre ellas estaba la elaboración de “chicha” conocida
como “sara-aswa”, la misma que era elaborada por mujeres a las que se las
llamaban “aswamama”. Los rituales consistían en que en medio de las fiestas, o
taquíes[2]
se reunían y el jefe o cacique comenzaba a repartir esta bebida desde el más al
menos importante, siempre llevando dos vasos, uno para él y otro para el que
debe aceptar la bebida. Entre los cronistas se tenía la concepción de Tacvnga
como un sitio donde: “comen luego por las
mañanas… y después que han comido carne o pescado, todo el día gastan en beber
su chicha o vino que hacen de maíz, trayendo siempre el vaso en mano”
Civilizándose un poco ya esta
costumbre del beber, en el siglo XVIII el Padre Jesuita Mario Cicala habla
sobre nuestro querido terruño y acerca de la bebida, diciendo: “De los vicios y virtudes de aquellos
habitantes… ciudadanos de complexión robusta… las mujeres, la mayoría de ellas
nobles tienen bastante elegancia, todos con grandes energías para el trabajo… fue
la primera ciudad que recibió, por así decirlo, con los brazos abiertos el
Estanco Real del Aguardiente de Caña…también domina grandemente… un baile
llamado Fandango”, como vemos Tacvnga engalanada siempre estaba con fiestas
y gente de refinadas costumbres practicaba el “vicio” del beber, pero también
los “plebeyos” lo hacían y de forma grotesca hasta el punto de embriagarse.
Tal es el caso de nuestra
Independencia, donde el 11 de noviembre de 1820, después de la batalla, el
estanco de Aguardiente de los españoles Realistas en lo que hoy es el convento
de Santo Domingo, fue vaciado y llevados los barriles de licor a la plazoleta;
Mariana de la Riva y Josefa Calixto motivan a festejar con dicha bebida hasta
el punto de que legendariamente se embriaga toda la ciudad y no se firma el
Acta de Independencia. Mi pregunta es ¿Dónde está?, este tema será tratado en
un próximo artículo.
Una vez dada la pincelada
histórica, las bebidas que caracterizan a nuestra tierra, algunas prevalecen hasta
el día de hoy mientras que otras ya se han perdido, son las siguientes: vino de
molle, guarapo chuflay, mistelas, pulque, champús, aguardiente, rompope,
puntas, caspiroleta, chaguarmishqui y el famoso canelaso.
Hoy en día ya esta práctica desde
el campo hasta la ciudad, desde los indios blancos (refiriéndome a las familias
que aún creen ser las “nanay” de Latacunga), hasta los indios puriticos de allá
del campo, toman, beben, guaspetean, guarapean, y luego con “chuchaqui” para
pasar la chuma, van por un encebollado o dicen, “una cervecita para sentar el
chuchaqui”, cosa que antes era típico irse a la calle de los Cachicaldos para
tomarse una sopita de carishina y dormir como guatza.
Ya sea en Mama Negra, Carnaval,
Semana Santa, cumpleaños, Navidad, Año Viejo, porque pasaste en las materias, porque
te quedaste, porque te dejo la pelada o el pelado, porque nació el guagua, por
el wasipichay, por lo que sea, se BEBE, como los peces en el río.
Espero te haya gustado este
artículo, que lo hice no con el fin de que nos sintamos orgullosos de ser los
mejores tomando o que nos consideren así, sino fue para que conozcas más de la
cultura del licor en Tacvnga y puedas fundamentar él porque “Somos tragaso”,
aunque algunitos guaguayashcas aún son cabeza de pollo.



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